Dec 08 2025

CELEBRACIÓN DE 25 Y 50 AÑOS DE PROFESIÓN DE DOS MISIONERAS DE LA PROVIDENCIA

Hoy, día 7 de diciembre, hemos tenido en nuestra congregación una celebración muy especial: dos de nuestras hermanas:  Hna. Soledad González y Hna. Manuela Fraile, han celebrado, junto a sus familias y a todas las hermanas de las distintas comunidades, su aniversario de Profesión Religiosa.  La Hna. Soledad sus 50 años de Profesión temporal y la Hna. Manuela, 25 años de Profesión Perpetua.

En una Eucaristía  solemne y festiva hemos elevado el corazón en acción de gracias por la vida y misión de estas dos hermanas que, desde caminos distintos, pero guiadas por el mismo Espíritu, han consagrado su existencia al servicio de Dios y de los hermanos.

Por un lado, veinticinco años de fidelidad creativa, de juventud ofrecida con generosidad, de una vocación que ha puesto raíces profundas y ha dado frutos abundantes. La hermana Manoli ha caminado con paso decidido, aprendiendo día a día que la consagración es un sí renovado, hecho de pequeñas renuncias, grandes ilusiones y una confianza constante en el amor del Señor. Sus veinticinco años son testimonio de que la entrega, cuando se hace con alegría, se vuelve semilla que fecunda la vida de los demás.

Por otro lado, cincuenta años de una fidelidad madura y probada, cincuenta años de sembrar y acompañar con ternura y sostener con oración el camino de tantos niños y jóvenes. La hermana Sole es memoria viva de nuestra historia, rostro de esperanza, presencia que inspira. Sus años han sido forjados en la escuela de la paciencia, la misericordia y el amor que no se cansa.

Hoy miramos  estos 25 y 50 años como un regalo para toda la Iglesia y para nuestra congregación, un signo vivo de la fidelidad de Dios que se ha manifestado en la historia personal de nuestras hermanas. 25 y 50 años de consagración que son un testimonio luminoso que nos recuerda que Dios sigue llamando, sigue suscitando vocaciones generosas y sigue sosteniendo a quienes se confían plenamente a Él.

Que la celebración de este día sea para todos un signo de esperanza: una invitación a creer que el amor de Dios sigue llamando, sigue sosteniendo, y sigue dando sentido a la vida de quienes se entregan sin reservas. Agradecemos su ejemplo, su fe perseverante y la luz que han regalado a tantas personas a lo largo de estos años.

Que el Señor, que comenzó en ellas la obra buena, la lleve a plenitud y siga haciendo de sus vidas un camino de fidelidad y servicio.

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